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El tiempo, el mejor aliado

Vivir preocupados por los resultados del día a día a veces nos hace olvidar la importancia que tiene planificar a largo plazo.

Por: Pablo Cateriano

Regreso a Pamplona después de 31 años. Acabo de dictar una clase a cuarenta chicos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Les he contado una historia de éxito: la de una empresa china, que tras ocho años de trabajo, logró poner en marcha en el Perú uno de los proyectos mineros más grandes de las últimas décadas, en el que la comunicación jugó un rol preponderante. Estuve en esas tierras en 1985, cuando nuestro país era considerado inviable. Nuestras cifras macroeconómicas eran malas y no atraían ningún tipo de inversión extrajera. Habíamos salido del peor gobierno de nuestra historia, el del general Velasco, pero el terrorismo era una amenaza mal enfrentada. Además, estaba a punto de ser elegido como presidente el joven Alan García, quien llevó al Perú a la peor debacle económica de su historia.

Tuve la suerte de ganar una beca que me permitió no solo estudiar y distraerme, sino también conocer un país y ganar amigos para toda la vida.

España, hay que recordarlo, no era lo que es hoy. Solo había dos canales de televisión, ambos estatales. Acababa de salir de la larguísima dictadura de Franco y recién empezaba a dar pasos firmes para desmontar su enorme aparato estatal. Visitar el campus tres décadas después me ha hecho reflexionar sobre lo que somos capaces de hacer a lo largo del tiempo. Así como a Chinalco le tomó casi una década convencer a la gran mayoría de vecinos de un pueblo olvidado, como Morococha, de que era mejor mudarse a un pueblo nuevo con todos los servicios y alejado de las zonas tóxicas, a la Universidad de Navarra le ha llevado cincuenta llegar a ser un ejemplo en Europa. A veces, el día a día no nos permite ver más allá del fin de mes. Pensar en el futuro es difícil, pero el largo plazo es sin duda la mejor manera de alcanzar objetivos. Pienso en los pobladores de Nuevo Morococha y no me cabe más que felicitar a quienes apostaron por un trabajo de cara al futuro. Su gente tiene ahora más y mejores perspectivas de vida. Y qué decir de mi visita a la universidad. Ha sido como un viaje por el túnel del tiempo. He constatado todo lo que se puede crecer cuando hay visión y ganas. Sus alumnos, hoy en día, disponen de una facultad mucho mejor equipada de la que yo y mis compañeros tuvimos. El tiempo es el mejor aliado siempre. Hay que dejar que pase, pero trabajando fuerte y con criterio para que juegue de nuestro lado. Más aún ahora que, tras cinco gobiernos democráticos, somos un país que puede soñar con ser del primer mundo, como España.

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